eran casi las seis de la tarde y parecía que eran casi las cuatro,
algunos jugaban al fútbol o algo parecido
los más niños pasaban sus balones
y otros optaban por jugar al pilla-pilla.
Se escuchaban los gritos, sus correteos,
sus por mí por todos mis compañeros y de nuevo por mí,
por si no quedó claro.
Jugaban a engañar y a intentar saber qué pensaba el otro,
a ser originales (para entre otras cosas, buscar
el mejor sitio donde no los iban a encontrar),
pero no tanto
porque el sitio era el mismo,
no había crecido
como sí lo harían ellos.
Risas y padres observando, jugando o hablando con otros padres.
Eran tardes cualquiera
de esas que el sol brilla con todo su esplendor.
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