Cuando el sol se despide
no dice adiós,
ni debe decir nada,
pues sabes que se irá
mas sabes que volverá.
Juega a no hablar
a aparecer y desaparecer
a veces, queriendo o sin querer,
y nos deja iluminada a la luna
por si lo echamos de menos...
Demostrándonos que sigue ahí
que no se olvidó de nosotros.
Tiene sus esclavitudes también...
permanecer en un punto fijo,
dejarse ver sobre todo
en unas épocas más que en otras.
Pero eso depende de donde vivvamos,
quizá tiene amigos por todos lados
y reparte su tiempo y calor entre todos.
A veces no lo valoramos
porque cuesta creer
que algún día dejará de iluminarnos.
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