lunes, 1 de noviembre de 2010

< Renta y diario de amor> de Javier Egea en su libro Paseo de los tristes

Tú me dueles amor...
Tú me dueles, amor, pero te canto
y es el gusano que en la carne horada,
no torbellino sino abrazo lento,
sí razón o temor, sí bárbaro camino.

Cuando dijiste ¡basta!...

Cuando dijiste ¡basta! era diciembre
y sólo tú templabas el vacío.

Pensé que nada estaba,
que se perdió contigo la llave de la vida.

Después miré a la calle
y era la misma puerta para todos:
la vida no existía,

Desde el mismo cerrojo
la herrumbre del expolio nos miraba.

Lo terrible no es la calle...

Lo terrible no es la calle sola,
el andén como un reto,
los trenes que perdimos.

Lo terrible no es ni siquiera el dolor.

Lo que duele terrible y zarandea
es que ya sólo queda
recurrir a la vida por tus ojos
que son una distancia casi absurda,
que son un túnel negro de esperanza.

Quizá me confundí...

Quizá me confundí de calle y de aventura
pero ya me conocen sus farolas y el alba,
ya conocen mi sombra, mi canción, mi tristeza
y esta costumbre vieja de andar erguido y solo.

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